Redacción: Zulma Palacios
Fotografía: Katerinn Moreno
El pasado 21 de febrero, el Teatro El Ensueño se convirtió en territorio de distorsión, guturales y fidelidad absoluta al metal extremo. Cuatro bandas de distintas ciudades del país demostraron que el death metal colombiano no solo está vivo, sino que atraviesa uno de sus momentos más sólidos en términos de calidad.
Bucaramanga, Manizales, Bogotá y Medellín juntos en una sola tarima redignificando espacios y recordándonos que, pese a los rumores su propuesta y conexión con el público siguen vigentes en pleno siglo XXI donde la contaminación audiovisual es mayor y la música es cambiante todo el tiempo.
Una tarde sin lluvia, extraño por estos días en Bogotá, con una luz que nos dejaba entre ver lo que en algún momento pudo ser un tenue sol, nos acompañó hasta el Teatro El Ensueño.Con una rueda de prensa que nos dejó grandes resultados y una visión madura de donde se encuentra posicionado el metal en Colombia, el momento de las bandas llegaría.
La noche llegó y el escenario del Teatro El Ensueño abrió el telón con Quemarlo Todo, provenientes de Bucaramanga. Estos bumangueses entendieron su misión: calentar motores y encender el escenario. La banda supo ganarse a los asistentes que ya estaban en el recinto, elevando la energía y preparando el terreno para lo que vendría.

Su puesta en escena fue contundente y dejó claro que la nueva sangre del circuito nacional llega con carácter y fuerza. La potencial mezcla entre el Thrash Metal y el Hardcore marco un hito de lo que se nos venía en camino, ¿Le gusta el death metal?, ¿Las propuestas arriesgadas y bien hechas? Escuche Quemarlo Todo y después lo conversamos…
Ahora, lo tradicional, lo oscuro y talvez lo más extremo se apoderaría de la tarima. Con un sonido tan propio como underground, desde la tierra del café llegaría The Scum, representantes de ese death crudo pero contundente directamente del occidente de Colombia, estos manizalitas confirmaron por qué ocupan un lugar importante dentro de la música extrema nacional.

Con una propuesta marcada por atmósferas de horror, guturales desgarrados y una ejecución sólida. Centraron buena parte de su set en su trabajo “The Hunger” Al frente, José, mantuvo una actitud irreverente, cercana y completamente entregada, conectando de forma natural con un público que respondió con headbanging constante.
Su sonido, el más clásico y crudo de la noche, aportó ese espíritu oscuro y visceral que define la esencia del género. La tercera descarga estuvo a cargo de los anfitriones de casa, Herejía, quienes ofrecieron una presentación a la altura de su trayectoria. Su característico death metal con elementos sinfónicos envolvió el recinto en una atmósfera densa y épica.
Demostrando equilibrio entre brutalidad y complejidad musical, uno de los momentos más destacados llegó con la participación especial de un invitado quien realmente sorprendió. Su puesta en escena y manejo de voz fueron dignos galantes de quien para nadie es un secreto es una espectacular maestra.

Jasa Rehm Suárez, locutor, periodista, director de Oscura Radio TV y ahora con sus pinitos a ser cantante dejó muy en alto no solo a su espectacular maestra, Angélica Riveros, sino la capacidad de poder manejar una voz muy limpia y poder generar unos matices rasgados y muy finos. Esta intervención vocal aportó una nueva dimensión al show y elevó aún más la respuesta del público.
La conexión fue inmediata y contundente. Como siempre, Herejía no solo dejó muy en alto su calidad y precisión, sino que además le recordaron al público quien siempre, fue, es y será la columna vertebral de esta obra maestra, Ricardo Chica.
El cierre, y uno de los puntos más altos de la noche, estuvo en manos de No Raza. Radicados desde hace casi 1 década en Florida, pero con raíces firmemente ancladas en Medellín, la banda ofreció una presentación técnica, poderosa y emocionalmente cargada. Su set list fue un recorrido inteligente por su historia: canciones de sus primeros trabajos se mezclaron con material reciente de “Tyrona”.

Su death metal técnico, preciso y de alto nivel interpretativo confirmó su lugar como una de las propuestas colombianas con mayor proyección internacional, actual, fresco y sobre todo arriesgado. Como siempre sus letras cargadas de crítica social y política hacen que este punto marque una diferencia importante dentro de este abanico de géneros.
La agresividad de su género es una amalgama que te envuelve desde el manejo de luces hasta el mensaje que en cada uno de los asistentes busca dejar. La respuesta del público fue constante y contundente durante toda la noche.
Entre Herejía y No Raza, el ambiente alcanzó uno de sus picos más intensos. En cada presentación se notaba como cada una de las bandas buscaba que los asistentes olvidaran por instantes la silletería del lugar, pero también que tuvieran presente que en los teatros también se puede disfrutar de la música extrema, del headbangging, de la camaradería y sobre todo de las oportunidades únicas de tener un solo genero expresado en tantos matices.

Más que un simple concierto, la jornada fue una muestra del presente del death metal colombiano: diversidad de estilos, calidad interpretativa y un público que sigue respondiendo.
Para finalizar este viaje de sonidos underground y clásicos hasta las propuestas más técnicas y elaboradas, la respuesta del público, su asistencia, respeto y agrado por estos espacios, nos dejó una sola cosa en claro, la música extrema resiste y se respeta, pero, sobre todo, nunca perderá su esencia.
El Ensueño, por una noche, tuvo como actores; riffs potentes, guturales precisos y unas baquetas que explotaron los amplificadores.

