Por: Wallada
El mundo moderno nos ofrece posibilidades maravillosas: el trabajo digital, reuniones interminables, máquinas expendedoras de café gratuito… Entre las bondades más celebradas del trabajo del hoy por hoy.
Pero, últimamente, también nos regala algo más: una mirada nostálgica hacia el pasado.
Aunque no todo pasado fue mejor, irónicamente, en él podemos encontrar una curiosa melancolía hacia el futuro. Anemoia es el término correcto para describir lo que las personas antes que nosotros sentían por ese porvenir incierto. Hoy, viviendo lo que alguna vez imaginaron, hacemos odas al pasado. Y eso es Starbenders: la anemoia de quienes soñaron con el rock n’ roll hace mucho tiempo, y la nostalgia que sentimos por ellos quienes nacimos en otra época.
Era 2024. Entre reuniones laborales, me topé con Kimi Shelter y su melena azabache siendo perseguida por una suerte de asesino serial en uno de los videos más virales de la banda: The Game.
Guitarras eléctricas evocadoras y una voz que remite al glam metal me retumbaron en los oídos. Ya no pude hacer otra cosa que zambullirme de cabeza en el fascinante universo de Starbenders.
La banda norteamericana comenzó su recorrido en Atlanta (Georgia), en 2013, cuando la vocalista y guitarrista principal Kimi Shelter unió fuerzas con el bajista Aaron Lecesne. Desde entonces, parece que se comprometieron a unir toda la fuerza del pasado y el brillante esplendor del futuro. Su estética ochentera y su sonido evocador remiten a Joan Jett, Siouxsie Sioux, y por supuesto, a figuras míticas como David Bowie, Depeche Mode y Alice Cooper (a quienes incluso han versionado).
Su EP homónimo debut, Starbenders (2014), fue seguido por los álbumes Heavy Petting (2016), Love Potions (2020) y Take Back the Night (2023). Cada uno está lleno de estridencias bien dirigidas, letras románticas, emocionalidad a flor de piel y un toque moderno que a veces roza la protesta social. Porque, en un mundo caótico, Starbenders también grita y lo hace con claridad. En su universo, son bienvenidas todas las personas que alguna vez pensaron que no tenían un lugar.
La banda participa activamente en festivales estadounidenses que promueven la inclusión y los derechos de las minorías. Más allá del show, hay convicción.
Desde que los descubrí, Starbenders me ha acompañado a sentir cosas que no puedo decir con palabras. Sus letras me hacen sentir que la magia es real, que el dolor puede vestirse de lentejuelas, y que la intensidad no siempre necesita explicación. Temas como “Seven White Horses” me hacen sentir identificada con un aura que no es precisamente oscura, pero que definitivamente no está hecha para quienes se consideran «demasiado puros».
Esta no es una banda unidimensional ni simplemente rebelde: hay algo esotérico en sus letras y melodías. Una especie de alquimia emocional que convierte el caos en belleza, el desencanto en grito, y el grito en arte.
Volviendo al corazón de su música —que ha hecho mis días laborales menos predecibles, mis vueltas a casa más llevaderas, y algunos malos ratos, incluso, reconfortantes— puedo recomendar ampliamente “Heavy Petting“, “Love Potions” y “Take Back the Night“. Sus letras tienen un tono melancólico, un sentido del humor irónico, y una energía honesta que —junto a todo lo anterior— hacen de Starbenders una banda imperdible. Para mí, ya son una nueva banda clásica.

Son parte de una nueva ola musical que, sin miedo, mezcla lo dogmático del rock con lo que alguna vez fue solo anhelo. Y lo transforman en una experiencia sonora donde caben las pociones de amor, los dichos herméticos y un espacio en el que todas las almas incomprendidas —como la mía— pueden encontrar refugio.
Para quienes quieran sumergirse en su música, recomiendo seguirlos en Spotify y YouTube Music, donde sus álbumes se han convertido en indispensables de mis listas personales. Incluso he preparado un top 10 (Incluí una más porqué es mi favorita del momento) de sus mejores canciones. Sin duda, Starbenders se está abriendo camino como una nueva generación de clásicos del rock.

