Redacción: Javier Poveda
Fotografía: Zulma Palacios
Esa noche quedará en los anales de la historia como una de las más épicas que haya presenciado esta fría ciudad. La energía de la noche empezó por lo más alto gracias a la magnífica presentación que hicieron los locales de Omega Weapon; el poder de su música hacia temblar el Royal Center. Cada nota que vibró en este recinto no hacía más que subir el nivel de virtuosismo, hasta revelar a sus fans que estrenarían un nuevo sencillo allí mismo: ‘Averno’, tema que hizo que los asistentes vivieran de primera mano la potencia y lo impecable de su arte.

Los motores del público estaban en llamas con la puesta en escena de Omega Weapon, pero los asistentes no estaban preparados para lo que se venía. En el escenario apareció un vecino, un músico, un virtuoso que tuvo su primer concierto el 19 de junio de 2007 como telonero de Symphony X en el Palacio de los Deportes; hoy, Andy Adams, se presentaba nuevamente como telonero de Symphony X durante su gira de 30 aniversario.
La guitarra de este bogotano hizo soñar al público con una instrumentalización fuera de este mundo, donde cada nota voló en el recinto, implosionando mentes de los asistentes al tocar temas clásicos de nuestra infancia, así adoquinando el camino para los agasajados.
Andy Adams se retira del escenario con una gran sonrisa y el silencio se apodera del lugar. La espera se hace eterna, hasta el momento en que el escenario se ilumina, dejando ver en pantalla una historia de 30 años y un anticipo de lo que nos esperaría en esa noche de celebración.

Una vez los celebrantes hacen presencia en el escenario, los pecados y las sombras se apoderan del lugar. El poder del metal progresivo de Symphony X se apodera de los asistentes y el headbanging no se hace esperar. Pero este solo fue el comienzo, ya que un mar de mentiras se elevó en el horizonte, trayendo consigo nuestros restos de entre las cenizas, y como un fénix renacimos junto a Rusen Allen y Michael Romeo.
Después de rasgar nuestras vestiduras ante tan magnánimos temas, ‘The Accolade’ llegó para quedarse, con sus suaves compases y su hermosa lírica; lágrimas afloraron de aquellos que permitieron a la melancolía escarbar en su alma. Pero todo se convierte en un truco de prestidigitador, escondiendo la verdad detrás de humo y espejos, haciendo vibrar el escenario; sin embargo, no puede esconder en la penumbra la Evolución nacida del Gran Diseño del mundo, prometiéndonos ser aquellos que forjemos la Utopía prometida entre profetas y sabios.
La épica tiene una pequeña pausa mientras la banda nos regala la suavidad que se esconde tras ‘Communion and the Oracle’, solo para regresar con todo el poder con el infierno desencadenado. ‘Inferno’ es la representación de la anarquía y el poder más allá de esta vida terrenal… el infierno en el que el Royal Center se sumió, al ritmo de una guitarra desenfrenada y una voz que se iguala a aquellas que habitan el Olimpo.
Pero del infierno gobernado por Hades pasamos de la oscuridad a la luz con ‘Nevermore’ y, en alas trágicas, tomamos vuelo. Viajamos a ese mundo que Symphony X nos regaló el pasado 25 de marzo, antes de tomar un descanso y prepararnos para un cierre épico, digno de un 30 aniversario.
Tras un descanso, la banda vuelve al escenario con una ovación del público. Con cánticos, los asistentes llamaron uno a uno a estos dioses terrenales, diestros en la música y la lírica. Ellos zarparon en el solitario barco sin vela de ‘Without You’; los coros no se detuvieron y el teatro estalló con cada coro y estribillo, hasta deshumanizarse. Ellos tomaron el control de nuestro cuerpo y destruyeron nuestro corazón con cada nota de esta canción.
Pero nada nos tenía preparados para lo que se acercaba: el cierre de este magno evento. Michael Romeo y Michael Pinnella iniciaron el juego de guitarra y teclado, marcando el inicio de ‘Set the World on Fire’. El mundo se vino abajo, el escenario explotó en mil notas, la emoción se apoderó del público y todos volamos a través de los cielos humeantes.

Las notas volaban desde los instrumentos; Jason Rullo lo daba todo mientras ejecutaba, con la precisión por la que se le conoce, cada cambio técnico de la batería. Mike LePond demostró sus más de dos décadas en el bajo de la banda y Rusen Allen, con su potente y versátil voz, nos llevó por 30 años de historia; nos hizo reír y gritar de emoción con su performance como frontman de la banda, sin olvidar el momento en que recibió una hermosa bandera de Colombia, con la alineación y el nombre de la banda dibujados a mano.

El vocalista amó este gesto y lo paseó con orgullo por el escenario, mientras Michael Romeo interpretaba uno de sus bestiales solos. El show llegó a su fin con un gracias, una venia y una gran foto. La noche terminó, pero esta celebración no acaba aún: Symphony X estará cada día en nuestras playlists y siempre estaremos a la espera de una próxima visita.

