Redacción: Zulma Palacios
Fotografía: Laura Torres
El frío de la capital se quedó afuera del Movistar Arena el pasado miércoles 8 de julio. Adentro, el ambiente se sentía como un abrazo largo de esos que uno da cuando se reencuentra con los amigos de toda la vida. Para calentar motores, los teloneros nos dejaron listos: René, con esa dulzura y voz impecable que se trae desde México, y luego los increíbles Eva & Her Virgins de Estados Unidos, metiéndole una energía tremenda al escenario.

La noche apenas arrancaba, pero en el aire ya se respiraba que lo de The Mills no iba a ser un concierto cualquiera; iba a ser una fiesta en casa, de esas donde Bako y su combo nos hicieron sentir a todos como parte de la misma familia. La camaradería y el amor con el que conectaron con el público desde el primer segundo fue algo de no creer.

La música empezó a correr y el corazón se nos empezó a arrugar de pura felicidad. Qué nivel de luces, qué sonido, pero sobre todo, qué berraquera de arreglos con el coro Claraluna acompañando gran parte de las canciones y dándoles un aire místico y emotivo que nos ponía la piel de gallina. La locura estalló de verdad cuando Bako salió al escenario con ‘Lobo hombre en Paris’ seguido de ‘Abran fuego’ con su primer invitado, Mario, de Dr Krapula, su energía transmitió tan fuerte al público que todos nos sentíamos en la tarima brincando junto a ellos.
Este tal vez fue uno de los momentos más altos del show sin dejar de lado la camaradería con la que Bako nos hablaba y el significado que le daba a cada canción que interpretaba. Más adelante ver a Bako cargando la bandera de Colombia y en las pantallas gigantes ver pasar los goles de nuestra Selección en este mundial, fue algo bastante emotivo.” Colombia, es hermosa”, “Colombia, es una chimba” Estas frases junto al buen frontman que es este Bako lograron que el sentimiento patrio se sintiera con más fuerza. La noche siguió entregándonos momentos que se quedaran grabados para siempre gracias a los invitados.
Cada uno más emotivo que el anterior. El maestro del jazz Augusto Tamayo subió a meterle magia al escenario con su saxofón, dándole paso a la talentosa Paula Arenas para regalarnos una interpretación de esas que suspenden el tiempo.
Después, la dosis de nostalgia pura llegó con Pablito de Camila, quien hizo una intervención hermosa con su guitarra que nos transportó de inmediato a esos años dorados del pop rock. Cada acorde se sintió real, tocado con una pasión que pocas veces se ve en el escenario.




Pero si de prender la fiesta se trataba, los acompañamientos puntuales que vinieron después nos dejaron sin aliento. Cuando subió la orquesta La-33 para cantar ‘Un montón de estrellas’, el Arena se convirtió en una sola pista de baile; el rock y la salsa bogotana se dieron la mano en un junte histórico. Y para terminar de rematar los corazones, salió al escenario Alisson Joan. Con una fuerza tremenda, se fajaron una versión de ‘Un montón de estrellas’ impecable, ese himno eterno de Polo Montañez, retumbo en el Movistar Arena, nos hizo cantar con el alma y confirmar que la música no tiene fronteras cuando se hace con ganas.
Al final, cuando las luces empezaron a apagarse y el eco de los aplausos todavía retumbaba en el pecho, nos quedó claro que lo que vivimos no fue solo un repaso de veinte años de carrera. Fue la consagración de una banda que ha sido la banda sonora de nuestras vidas. El cierre del show se sintió, literalmente, como un sueño hecho realidad para ellos y para todos los fans que anhelaban este momento desde hace mucho. Cerrar una espectacular presentación de la mano de ‘Guadalupe’ fue la mejor decisión de todas las lindas que ya posteriormente habían tomado.
Qué momento tan bravo; la voz se nos quebró a todos cantando a grito herido. Las luces en unísono, al fondo una voz fuerte y feliz, diciendo “muchas gracias, Bogotá” fue el mejor cierre para estos bogotanos.
Esperamos que esta no sea la segunda ni la última banda colombiana que logra llenar un venue de esta calidad, que los sonidos colombianos sigan retumbando cada vez más fuerte.

