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En los 90´s el futuro no existía ¿y ahora? Conversatorio VISIONES DEL HORROR

Fotografía y redacción por: Zulma Palacios

El pasado 29 de julio tuvimos la oportunidad de participar en el conversatorio de Visiones del horror, 30 años de existencia oscura. Y además de remorar y disfrutar de material de archivo de hace unas cuantas décadas, tuvimos la oportunidad de, para unos conocer, para otros recordar lo que fue la Colombia, más exactamente en Medellín del narcotráfico, esa que todo el tiempo te recordaba que la muerte estaba caminando a tu lado.

De izquierda a derecha: Joél Cruz, David Rivera, Diego Rodríguez y Javier Castro

Cuando le preguntamos a las bandas, la razón por la cuál decidieron reunirse y formar un equipo para montarse a un escenario y desde el micrófono, guitarra o cualquier instrumento deciden expresarle al mundo algún sentimiento, llegan respuestas en cantidad; algunas triviales, otras emocionantes, otras profesionales y otras como en este caso, por querer dejar un recuerdo en este mundo pensando que mañana ya no estarán en este plano.
Algo así es lo que David Rivera, miembro fundador de Tenebrarum y otras muchas más personas vivían y pensaban en esa época. La época desafortunada de Pablo Escobar en Colombia. Por batería bombas, por bajo, disparos y por composición, susurros de nombres de personas que acababan de morir o el aroma de sangre que tanto inspiraba.

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Hagamos un poco de memoria o dejemos algunos detalles para los que son extranjeros. En la década de los 80’s Colombia atravesó, quizá, la época más dura del narcotráfico; delincuencia, extorsión, asesinatos en serie y en general todo lo que se pueda, usted querido lector, imaginar con la palabra narcotráfico de la mano de Pablo Escobar. Claramente no era él, el único, pues cabezas habían más, pero este no es un canal de política solo les quiero dejar un bosquejo de lo que fue Colombia para ese entonces.
A partir de esto, cualquier tipo de señal de desobediencia se convertía en la siembra de su lapida lenta o apresurada, por esta razón, en algún punto cuando David quiso dejar volar su rebeldía por medio de un instrumento, lo hizo como la mayoría de “músicos” en su momento lo hacían. Sin miedo y sin pensar que pasaría mañana, porque efectivamente el mañana para la juventud de aquel entonces no existía.

David Rivera, Tenebrarum

David, es una persona que toda su vida ha estado rodeada de música, de esta forma liberar este tipo de expresión no representaba ningún limitante para él, salvo el que la sociedad le entregaría en ese momento. A partir de esta historia y de varias razones que existen para saber cómo y por qué salió a la luz Tenebrarum es que hoy 30 años después como dice el dicho popular, “están contando el cuento” y junto a varios trabajos hoy conmemoraron los 30 años de uno de ellos, siendo ‘Visiones del horror’ el trabajo que hoy nos hace presenciar este conversatorio musical.
Hablar de música en Colombia, en ocasiones se puede convertir en un tema que se llena de egos, de fanatismos y porque no, de no saber lo que se hace, pero al tener el poder económico suficiente para transformarlo en algo que compagine bien para los oídos., todo es posible.

https://fb.watch/miExMm5K6_/

La música tiene tanto de largo como de ancho y es ahí donde el artista entra en un juego donde saber ubicarse es lo importante, para poder lograr un espacio, una posición, pero sobre todo saber dejar en la mente de los seguidores ese trozo de emociones que le dan vueltas en la cabeza por siempre.
Cuando conocemos las transformaciones que las bandas tienen y el esfuerzo que día a día hacen para ver su sueño hecho realidad en grande o mediana escala, es donde uno se puede dar cuenta que la calidad y el valor que se le entrega a este arte aún tiene el poder de ser respetado y sobre todo admirado.

Hablar de la transformación de la música en Colombia es un tema bastante extenso que, sin temor a equivocarme, no tiene fin, ya que como Tenebrarum y muchas otras bandas estuvieron impulsadas por la idea de quedar en la posteridad y mostrarle al mundo un trozo de lo que se vivía en ese entonces, otras muchas tienen otros impulsos, otras ideas, otros inconformismos, otros intereses. Pero todas siempre van a tener el mismo objetivo. Llegar a su público y enamorar.
La parte romántica de todo esto se desdibuja cuando el tema pasa de trabajarle al arte por amor; dedicación y ganas de dejar algo en las cabezas de quien lo ve, lo oye o lo siente a trabajar por mover la caja, sí señor, mover la caja es tan importante como vital, pero… ¿Hasta qué punto esto es bueno para la industria exactamente de la música?
Doy estos giros entre lo que es la música como exponente de emociones y la música como marca de facturación porque en Colombia aún en pleno siglos XXI nos hace falta darle valor a lo que hacemos, sea cual sea la variante del arte que escogimos.

Si somos ilustradores nos regalamos con retratos que no valen ni lo que se invirtió en el caballete, si somos fotógrafos, nos acostumbramos a tomar fotos en combos para cualquier evento que a la final no representa ni lo de un lente o simplemente nos conformamos con el acceso a un foso y el desfogue de poder ver la banda favorita en vivo y más cerca que los demás. Si somos escritores, aceptamos escribir y escribir porque de pronto esa vitrina en algún momento nos dará visibilidad, si somos actores es igual, si somos artistas plásticos, pintores, guitarristas, si somos cualquier tipo de expresión artística nos vendemos con la esperanza de ser vistos por alguien superior en algún momento de la vida.

En este conversatorio aprender a entender que el arte como expresión de libertad y rebeldía también puede llegar a ser esa fuente de ingresos que cualquier ser humano necesita, fue la clave para ver y comprender la lucha de las bandas de Medellín en los años 80´s y 90´s pero, no solo fue la lucha de unos pocos que querían hacer música y llegar lejos, también fue la de una comunidad completa, que bajo cualquier ilusión quería vivir un día más.

Javier Castro, manager Tenebrarum

Así pues, con este símil que expongo en estas letras quiero que todos empecemos a entender qué estamos haciendo con el arte en general en Colombia, si seguimos apoyando las industrias de afuera, dándole popularidad o nos esforzamos un poco más por lo de nosotros, por mostrarle al mundo que lo nuestro vale, pesa y tiene material digno de venderse por su calidad profesional, esfuerzo y por lo genuino de la misma.
Al final del conversatorio, Javier Castro, mánager de la banda, dejó una especie de reflexión y pregunta para los tantos medios de comunicación que hoy en día hablan y promueven el rock y el metal. ¿Qué estamos haciendo como medios de comunicación para resaltar; criticar y apoyar el rock y metal en el país además de hacerle difusión a afiches de conciertos y eventos que son impagables y que de entrada están al alcance de unos muy pocos?
Si desde los medios de comunicación nos empezamos a tragar el cuento de que lo nuestro es primero, vale y tiene el mismo valor que cualquier material extranjero, en algo vamos a empezar a cambiar el paisaje al que nos acostumbramos desde hace más o menos 4 décadas.

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